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Roald Amundsen ació en Borge, Noruega, el 16 de julio de 1872. Era el cuarto hijo de un matrimonio formado por Jens Amundsen, propietario de algunos barcos, y de Gustava Sahlquist. Hasta la muerte de su madre, el joven Roald estudió medicina a pedido de su madre, tras lo que se dedicó a convertirse en marino...
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Explorador de la Antártida y del Ártico Roald Amundsen.
La vida por el conocimiento. Biografía.
(Una vez en la meseta, establecen un campamento el 21 de noviembre, donde deciden sacrificar 24 perros, una parte para alimentar a los perros sobrevivientes y otra la almacenarían para el viaje de regreso...)
Exploradores de Ártico y la Antártida.
"Grandes Colecciones"
Roald Engelbregt Gravning Amundsen
el final del siglo XIX y principios del siglo XX, muchos fueron los exploradores del Ártico y la Antártida que perdieron su vida tratando de lograr sus objetivos. Pero entre ellos se destaca, en virtud a sus méritos y logros, la figura de Roald Amundsen, quien además de conseguir alcanzar metas muy importantes dentro del mundo de la exploración geográfica, dejó un riquísimo legado de conocimiento científico.
Tenaz, laborioso y metódico, desde su juventud se había propuesto ser un explorador de las regiones polares, y gracias a sus virtudes, logró convertirse en una de las personalidades más destacadas dentro del selecto grupo de exploradores.
Roald. El joven de objetivos claros
Posiblemente alimentado por las historias de las aventuras de los grandes exploradores polares del fin del siglo XIX y siendo oriundo de un país que contaba con algunos de los mejores y más renombrados como Fridtjof Nansen, Amundsen soñó desde niño con convertirse en uno de ellos. Desde niño dormía con la ventana de su dormitorio abierta para habituarse al frío, por lo que puede verse claramente que ya desde su infancia tenía una fuerte y clara vocación.
Nació en Borge, Noruega, el 16 de julio de 1872. Era el cuarto hijo de un matrimonio formado por Jens Amundsen, propietario de algunos barcos, y de Gustava Sahlquist. Hasta la muerte de su madre, el joven Roald estudió medicina a pedido de su madre, tras lo que se dedicó a convertirse en marino.
Uno de los principales problemas con los que se tuvo que enfrentar para poder realizar su vocación, fue su escasa capacidad financiera, por lo que resolvió partir hacia los Estados Unidos para conseguir patrocinadores. Se dedicó a adquirir experiencia naviera, realizando varios viajes y obteniendo su licencia en 1895 en la Escuela de Marinos de Crhistiania.
Sus primeras exploraciones de Antártida
Para poder llegar a ser un explorador del polo norte, necesitaba además contar con experiencia en la exploración y navegación en aquellas difíciles regiones, por lo que decide solicitar ser incorporado en una misión belga que tenía como destino la Antártida. Amundsen es aceptado en el puesto de timonel y parte a bordo del buque “Bélgica” el 16 de agosto de 1897 desde el puerto de Amberes. En esta misión conoce a Frederick Cook, con quien tendría una larga amistad.
Tras conseguir financiación con Lincoln Ellsworth, emprende la exploración del Paso del Noroeste entre el Océano Atlántico y el Océano Pacífico en el velero Gjoa, recientemente comprado por él, con el objetivo final de comenzar a prepararse para alcanzar el polo norte.
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La misión resultó extremadamente dura, ya que el buque quedó atrapado por los hielos de la banquiza polar y la tripulación del barco debió afrontar un duro invierno. Es allí donde aprende que la alimentación con pescado crudo es fundamental para evitar contraer escorbuto (idea de Cook) y a confeccionar abrigos con piel de foca, elementos que serían claves para su posteriores misiones.
Tras conseguir financiación con Lincoln Ellsworth (quien sería su principal patrocinador en adelante), emprende la exploración del Paso del Noroeste entre el Océano Atlántico y el Océano Pacífico en el velero Gjoa, recientemente comprado por él, con el objetivo final de comenzar a prepararse para alcanzar el polo norte. Durante la exploración del norte de Canadá, pasó dos inviernos aprendiendo técnicas de supervivencia de los esquimales, adoptando sus vestiduras al encontrarlas ideales para afrontar las temperaturas árticas y aprendiendo el uso de trineos tirados por perros. Finalmente cumple su objetivo en 1906, siendo el primer hombre en haber navegado entre el Atlántico y el Pacífico por el Océano Glaciar Ártico.
La conquista del Polo Sur. Antártida
Habiendo adquirido ya suficientes conocimientos y experiencia, decide lanzarse a la conquista del polo norte, por lo que comienza los preparativos para la misión. Pero Robert Peary se adelanta a sus planes y consigue llegar al polo norte. Lejos de amilanarse, Amundsen cambia su objetivo y comienza a prepararse para conquistar el polo sur.
Fridtjof Nansen, al enterarse de sus planes, le presta el “Fram”, la embarcación que fuera empleada para realizar sus exploraciones por el Ártico. Pero Amundsen no era el único que pretendía llegar al polo sur. Robert Falcon Scott llevaba adelante el mismo plan, para lo que había establecido una base en MacMurdo Sound.
El “Fram” llega a la Antártida a comienzos de 1911, y Amundsen establece su base en la Plataforma de Ross, ubicada en el mar de Ross(denominada “Franheim” en honor a la famosa embarcación), el 14 de enero. Entre febrero, marzo y abril, establecen las bases de reaprovisionamiento sobre la ruta que habrían de seguir la primavera siguiente, lo que también les sirvió para adquirir experiencia en el terreno y el clima de la Antártida.
La partida de la expedición (compuesta por Amundsen, Bjalland, Hanssen, Hassel y Wistning) se produjo el 19 de octubre de 1911, durante la primavera austral, llevando consigo cuatro trineos tirados por 52 perros. El 23 de octubre llegan al primer puesto de aprovisionamiento, ubicado en la latitud 80ºS, y el 3 de noviembre llegan al tercer puesto de aprovisionamiento, el que se encontraba en la latitud 82ºS. El 15 de noviembre llagan a los pies de los Montes Transantárticos, en la latitud 85ºS. Tras una penosa travesía, consiguen traspasar los Montes Transantárticos y llegar a la Meseta Polar, a la que bautizarían como Meseta del Rey Haakon VII. Los montes que se encontraban a un lado de la meseta, fueron bautizados como Montes Reina Maud.
Una vez en la meseta, establecen un campamento el 21 de noviembre, donde deciden sacrificar 24 perros, una parte para alimentar a los perros sobrevivientes y otra la almacenarían para el viaje de regreso. Por esta razón, el campamento sería nombrado como “La Carnicería”. Los días siguientes fueron extremadamente duros, debiendo enfrentarse con fuertes tormentas y un terreno particularmente escarpado. El 7 de diciembre consiguen llegar al punto que había logrado llegar la expedición de Shackleton, a los 88º 12’ S, el punto más al sur conseguido por el hombre hasta entonces, a 180 kilómetros del polo sur.
Finalmente, tras 56 días de expedición, el 14 de diciembre de 1911 (35 días antes que Scott, su competidor) consiguen arribar al polo sur, donde planta la bandera de Noruega y establece un campamento al que llamaría “Polheim”. Cuando deciden emprender el viaje de retorno, deja una tienda de campaña, en cuyo interior coloca una carta donde relata su logro, por si no lograba regresar.
Finalmente, consigue llegar a la base “Franheim” el 25 de enero de 1912, tras 99 días de expedición.
Otras exploraciones de Ártico y la Antártida
En 1918, decide explorar el Paso del Noreste, una expedición similar a la que realizara entre 1904 y 1906, pero esta vez por la costa de Siberia. Empleando la misma técnica que Nansen en su intento de llegar al polo, dejó que el hielo atrapara su embarcación (el “Maud”, construido en 1916) para posibilitar que la deriva de los hielos lo transportara. La misión no logró su objetivo, pero los estudios científicos realizados durante la travesía fueron muy importantes.
En 1925 realiza un intento por llegar al polo norte en avión junto a Lincoln Ellsworth, Hjalmar Riiser-Larsen, Leif Dietrichson y dos hombres más. En dos aviones, el N-24 y el N-25, parte desde Ny-Alesund, en la isla de Spitsbergen (perteneciente a Noruega). Ambos aviones se ven forzados a aterrizar a 150 kilómetros del polo norte (el punto más al norte alcanzado hasta entonces en avión). Por desperfectos mecánicos, debieron emprender el retorno en uno solo, el N-25.
En 1926, Amundsen participa de la expedición del italiano Nobile, quienes llegan al polo norte en dirigible. En esta expedición participa también Wisting, quien acompañara a Amundsen en la expedición al polo sur, siendo ambos los primeros hombres en llegar a los dos polos. Tras este viaje, Amundsen y Nobile protagonizan una polémica sobre a quien pertenecen los honores de la misión.
En 1928 Nobile emprende otra expedición, en la cual sufre un accidente en su dirigible. Amundsen participa en las tareas de búsqueda en un hidroavión, el cual se estrella. Su cuerpo nunca fue hallado, aunque sí algunos restos del avión.
En su honor, Noruega instituyó el 14 de diciembre como el “Día del Polo Sur”.
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Esta expedición fue el sexto intento de Roald Amundsen para llegar al Polo Norte. ¿Podría decirse que constituyó un fracaso tras sobrevivir más de cuatro semanas atrapados en el hielo? El lector podrá juzgarlo, pero nuestra opinión es que una expedición en la que todos vuelven a casa no pude considerarse fracasada.
LA CONQUISTA DEL POLO NORTE

Desde comienzos del siglo xix, el Polo Norte encendió la imaginación y avivó el deseo de exploración y conquista de numerosos aventureros, científicos, expedicionarios o simples lunáticos, que sin duda veían en aquel lugar geográfico algo más que «un punto sin extensión, magnitud o grosor alrededor del cual gira el eje terrestre». Se rumoreaba que aquellos inaccesibles parajes escondían una misteriosa isla de basalto; otros sostenían la existencia de un inmenso mar cálido, y fueron muchos los que arriesgaron la vida con tal de acercarse a los ansiados 90º de latitud norte.
En esta trepidante y absorbente crónica, seguimos los pasos de exploradores como John Franklin, Elisha Kent Kane, Fridtjof Nansen o Robert Edwin Peary, quien supuestamente fue el primer ser humano que pisó el polo en abril de 1909. En estas arriesgadas travesías, más de un jefe expedicionario desapareció para siempre con toda su tripulación en aquellas desoladas regiones; otros sobrevivieron a duras penas al escorbuto, a la congelación de manos y pies, a temperaturas de casi 70º bajo cero, a los mares helados y a sus propios delirios de grandeza. Basándose en el vívido testimonio de los diarios de a bordo, en los relatos periodísticos de la época y en una exhaustiva documentación, Fergus Fleming reconstruye en estas páginas una de las últimas epopeyas de la humanidad, en la que se mezclan rivalidades internacionales, afán de aventuras y el heroísmo más desinteresado.
LA MIRADA DEL EXPLORADOR: RELATOS DE AVENTURAS Y DESCUBRIMIENTOS

Este libro, que presenta los relatos que nos han legado los protagonistas de las expediciones junto con imágenes originales, arroja luz sobre la identidad de aquellos hombres y mujeres, su modo de proceder y, ante todo, las maravillas que encontraron a su paso. Constituyen un grupo heterogéneo de científicos, navegantes ambiciosos, viajeros solitarios o grandes aventureros que, a pesar de sus diferencias en lo que respecta a sus orígenes o formación, tienen un rasgo en común: nos han legado un vívido retrato de lo desconocido.
En estas páginas aparecen personajes como Alexander von Humboldt, George Lyon, John Ross, Robert Peary, Umberto Nobile, Freya Stara, Jacques Cousteau o Buzz Aldrin.
El volumen, que recopila un amplio corpus de dibujos, fotografías y textos de publicaciones periódicas, junto con comentarios de expertos que sitúan en el contexto adecuado cada expedición, y un prólogo de Michael Palin, es una magnífica introducción al mundo que habitamos. Obra rigurosa, dinámica y sorprendente, nos ofrece una visión caleidoscópica de tres siglos de exploración.

Explorador de Antártida Roald Amundsen.
La vida por el conocimiento. Biografía. Exploradores de Ártico y la Antártida
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